ESPACIO DE CRIANZA

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“La bañera produjo el mágico efecto de calmarme”. Rocio dio a luz a su hija mediante un parto en el agua

Mi compi de yoga ha tenido la amabilidad de contarme cómo fue su experiencia. Las dos esperamos que su testimonio ayude a futuras mamás (por si están barajando esta opción) a tener una imagen más cercana y accesible sobre este tipo de parto natural. ¡Muchas gracias, Rocio!

Desde que me hablaron de los partos en el agua, es una opción que siempre me había atraído. Sin embargo dudaba de si llegado el momento tendría los medios y la presencia de ánimo de llevar a cabo algo que se sale de lo corriente y que, por otra parte, sucede en un momento en el que estás especialmente sensible. No obstante una vez conocí a la que ha sido mi ginecóloga desde entonces, mis miedos se disiparon y sentí que estaba haciendo lo mejor para Jimena (mi hija) y para mí.

Rocio embarazada... ¡Qué guapa!

Rocio embarazada... ¡Qué guapa!

¿Qué clínica elegiste? ¿Cómo fue tu relación con los médicos?

Como he comentado, mi ginecóloga (Gaia Zocchi) y su equipo de la clínica La Milagrosa son excelentes. No sólo son unos profesionales como la copa de un pino, sino que además me hicieron sentir ese apoyo y ese cariño tan fundamentales en un momento en el que estás totalmente vulnerable y necesitada de afecto como es el parto. Sin embargo se notaba que estas experiencias pioneras todavía son algo raro y nuevo, un pequeño reducto en un Hospital que funciona de otra forma totalmente distinta.

Cuénta cómo se desarrolló todo…

Ante todo, mi parto fue laaaargooo… No, no es cierto. Ante todo fue mágico, hermoso. Tengo un recuerdo imborrable de esas horas en las que vino Jimena al mundo. Empecé con contracciones a las 10 de la noche de un sábado, y no ingresé definitivamente en La Milagrosa hasta las 11 de la noche del domingo… como digo, una larga espera… Pero una vez allí, todo empezó a acelerarse…  Al poco de ingresar, aconsejada por la matrona me dí una ducha relajante y después fuimos a la salita en la que iba a dar a luz. A diferencia de los partos convencionales, en los naturales, o por lo menos en los partos con Gaia, todo sucede en la misma habitación. La dilatación y el expulsivo. Sin cortes. De manera que no se rompe el ritmo en el proceso de parto, como en ocasiones ocurre cuando te desplazas a otro lugar para el expulsivo. Todo ello si no hay complicaciones adicionales, por ejemplo si tienen que practicar una cesárea,  te trasladan a un quirófano. He de decir que en mi caso conté con este recurso, y con todos los demás habituales en todos los partos (epidural, fórceps…). La diferencia es que en un parto natural estos medios se utilizan sólo si es estrictamente necesario, no a la primera de cambio. Ni mucho menos se programa la cesárea antes de comenzar si quiera las contracciones. Pues bien, en cuanto me introduje en la bañera sentí como los dolores de las contracciones remitían inmediatamente. A esas alturas, después de unas 26 horas de contracciones, ya eran bastante intensas. Pero la bañera produjo el mágico efecto de calmarme y darme por lo menos otras 3 ó 4 horas de dilatación que recuerdo como las más maravillosas… allí estuve acompañada por mi marido, por la matrona, y por la música previamente elegida por mí.  También me llevé algún objeto personal que me hizo sentirme más agusto… Estaba en penumbra y mi marido y la matrona se acercaban a mi lado cuando los llamaba, porque también había momentos en los que necesitaba estar a solas…. Fue tan hermoso que no lo puedo describir… Tengo que decir que el yoga me ayudó sobremanera con las contracciones!!! y también a mantener la concentración y a no asustarme… más tarde empecé a agotarme, y los dolores me asustaron. Sentí que todo se me iba de las manos y solicité la epidural. Ante todo, yo no quería un parto traumático. Había decidido dar a luz en el agua y de forma natural, a condición de que no fuera algo horrible que no querría ni recordar, pero de ninguna manera me iba a empecinar si veía que las fuerzas no me llegaban. Y así sucedió, después de unas 30 horas de contracciones me pusieron la epidural. Para ello tuve que salir de la bañera y enseguida todo el ambiente mágico se deshizo. Encendieron las luces de la sala, me pusieron en la camilla, quitaron la música… y entró el anestesista, al que yo no conocía. A partir de ahí, hubo alguna complicación porque Jimena se retrepaba en mi barriga, parecía que no quisiera bajar… Y yo aproveché los efectos de la epidural para reponer fuerzas para el expulsivo. Después de varios intentos, Gaia pidió la ventosa. Nuevamente Jimena se mantenía bien arriba. Gaia pensaba que venía con vuelta de cordón. El monitor daba lecturas raras, y no se podía esperar más. Prepararon el quirófano para practicarme una cesárea. Y nuevamente otro intento con la ventosa. Nada. A la tercera, cerré los ojos. Me concentré. Me dijeron que no podíamos esperar más. Literalmente, hablé con Jimena. Le dije: “Cariño, tienes que bajar… nos estamos jugando la cesárea. Baja, por favor….”. La siguiente comprobación, descubrieron que Jimena se había desplazado por fin hacia abajo. Y en tres empujones, estaba conmigo!!! A las que sois madres, no hace falta que os cuente lo que sentí cuando la pusieron en mis brazos, tan pequeña, tan calentita, tan húmeda y resbaladiza… Recuerdo que me preocupaba que se me escurriera entre los brazos, así que la apreté fuerte contra mí y le dí las gracias por haber venido al fin… Después, esperaron a que el cordón dejara de latir para cortarlo, lo cuál hizo mi marido. Posteriormente me enteré de que las cosas habían sido más complicadas de lo que yo percibí. Me encontré a mi marido agotado por los nervios y la incertidumbre…. Y es que, tanto Gaia como los matronos no dejaron de transmitirme la seguridad y la tranquilidad que yo necesitaba. Yo había estado protegida como en un nido, mientras a él le iban informando de las complicaciones que se iban presentando. Y es que mi parto, con cualquier otro ginecólogo, hubiera sido una cesárea…
¿Lo repetirías? Síiiiii!!!!

¿Qué beneficios tiene?

Además de la experiencia tan hermosa y feliz que os he intentado transmitir, el agua tiene unos efectos asombrosamente relajantes. Esto os lo digo desde la experiencia!!! Y con la relajación, la percepción de los dolores es totalmente distinta.. además te da la oportunidad de “vivir” ese momento tan especial, vivirlo a fondo, en la intimidad y el cariño que tanto necesitas, sin intervenciones indeseadas… Os puedo decir además, que Jimena empezó a mamar en la misma camilla en que nació, cinco minutos después, y a sus nueve meses sigue!!! Es una niña tranquila, juguetona y enorme… es un bebé feliz ¿será porque su nacimiento también lo fue?

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